Las aventuras de Maicol Miguel

Por. Gustavo Solera

Mi nombre es Maicol Miguel Elpidio Segundo Juan Buenatierra, Juan por parte de mi padre y Buenatierra por parte de mi madre. Llegué a Costa Rica en brazos, procedente de Vigo, Galicia, de un pueblo llamado Calvario. Mis padres vivían cerca del cementerio do Rosal, camino a Pampaloas, cuando decidieron venir al Nuevo Mundo.

La vida en el noroeste español era dura para una familia con recursos limitados como la nuestra. Planearon partir hacia Brasil. Para ello, debían viajar a Lisboa y, desde allí, embarcarse rumbo al Nuevo Mundo. Sin embargo, llegaron solo hasta la mitad del camino, no entendían una ostia a los portugueses. Así que desembarcaron en el primer puerto al que arribaron, Limón, el 1 de diciembre de 1900. Yo tendría apenas tres o cuatro meses de vida, pero para efectos oficiales en Costa Rica, esa terminó siendo mi fecha de nacimiento.

Un barco de vapor trajo a los Juan Buenatierra a América. Mi padre no recuerda el nombre de aquel navío, pero decidió llamarlo Anunciación, en honor a la carabela de Pedro Álvares Cabral cuando descubrió Brasil.

Mi progenitor, Miguel Elpidio Juan Arelos, era adobero, el mejor de su pueblo. Fue trabajando en el criadero de cerdos de don Rodrigo Rodríguez López donde conoció a mi madre, María Dolores Buenatierra y Pineiro.

Mi madre, que era moza en la casa de la esposa de don Rodrigo, no pudo contener los embates románticos de mi padre. Al poco tiempo —antes de que los dolores de María llegaran— contrajeron nupcias en la iglesia del pueblo. La ceremonia la ofició el padre Eugenio, un reverendo llegado de Madrid.

Pocos meses después, llegó al mundo quien les habla. Decían que yo me vine antes… ¡No! El que se vino antes fue mi padre.

Cuando llegamos a las Américas, mi padre, creyendo que estábamos en Norteamérica al ver tanto “moro” hablando lo que él pensaba era inglés en la oficina de registro, decidió que el nombre de su hijo debía sonar más acorde al lugar. Así fue como me puso Maicol. Lo que no sabía era que el registrador no eliminó el Miguel Elpidio.

Cuando le preguntaron a mi padre si Miguel o Maicol —como él—, respondió que como el segundo. Tienen que entenderlo, entre un gallego cerrado, tres meses de portugués en el Anunciación y un castellano machucado, apenas lograba entender o hacerse entender.

Por eso me llamo Maicol Miguel Elpidio Segundo Juan Buenatierra. Mis amigos me conocen como Maicol Miguel o como Juan Buenatierra. Y esta es mi historia.

Como he dicho, llegué en un navío, el traslado de Limón a San José fue una odisea para mis padres. El plan había cambiado sustancialmente con el desembarco en Costa Rica, el calor agobiante mezclado con la humedad hizo que rápidamente buscamos residir en Cartago.

Ahí, mi padre compró tabaco y comenzó a comercializarlo. Pronto se da cuenta que los grandes cultivos estaban en San José, a los pocos años y antes de iniciar la escuela, nos mudamos a un lugar con cierto garbo, barrio Escalante. Era como la frontera entre Escalante y La California, avenida 3, calle 25, a una pedrada de distancia de la Aduana Central.

Sabes de esos barrios bonitos con casas lindas que siempre hay una casa fea, en el barrio nuestro, la fea era la nuestra. Era de madera, con el techo podrido, las paredes llenas de polillas. Era de un señor de apellido Muñoz, se la vendió a mi padre en ¢1750, cuando en aquel momento en la zona costaban ¢8000 a ¢10.000, lo que reflejaba el estado de aquella pocilga.

A pesar de que el negocio del tabaco estaba funcionando, mi padre buscó ayuda con el Padre Benancio que fue enviado de España en 1885 para reforzar la fe católica entre los españoles que estaban migrando a Costa Rica.

Benancio era justo, ayudó a mi padre con un préstamo de las ofrendas de la iglesia la Soledad donde era el cura párroco. Fue un acuerdo en secreto para comprar la casa, mi padre a vuelta de tiro devolvió el dinero. El padre Benancio nunca reveló el acuerdo, nunca supe por qué lo hizo, tal vez porque era de Galicia, pero qué se yo si apenas era un crío.

En mis años de vida, he viajado, conocido el mundo y muchas personas, tengo amigos y tal vez me he labrado una que otra enemistad, pero mi primer amigo lo hice en la escuela Buenaventura Corrales. Era el primer día de clases de 1906, estaba yo en el 1-2, me tocaba con la Niña Clotilde Vega de Corrales, dicen que su esposo era descendiente de Buenaventura, por eso a la Niña Clotilde le encantaba remarcar el apellido de su marido en su nombre, tanto como decir que fue de la primera generación egresada del Colegio Superior de Señoritas.

Ese día, las canillas me temblaban, era la primera vez que estaría casi un día entero sin mi mamá. La Niña nos formó en orden de tamaño, cuando ingresamos al 1-2 que daba la ventana a la calle 9, nos sentó de dos en dos, me tocó al lado de mi primer amigo, un asustado niño de clase acomodada. No entendía cómo ese delgado y frágil pequeño podía ser hijo de un doctor. Le faltaban vitaminas pensaba, comer más seguido chancho, gallina y rabo de res.

Me miró con más miedo que timidez, soltó un saludo que apenas se sostuvo en su boca. Le sonreí y le ofrecí mi mano.

  • Mucho gusto, mi nombre es Maicol Miguel Elpidio Segundo Juan Buenatierra, el Juan por parte de mi padre y el Buenatierra por parte de mi madre.

Aquel niño tan asustado como yo, estrechó mi mano y ahí comenzó nuestra amistad.

  • Mucho gusto, todos en la familia me dicen Coco por Socorro, mi nombre completo es Rafael Ángel del Socorro Calderón Guardia.

Continuará…

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