
Redacción
Durante años, el nombre de Nicolás Maduro ha estado asociado a sanciones, amenazas diplomáticas y una larga lista de advertencias provenientes de Washington. Pero a comienzos de enero, el conflicto verbal dio —según el presidente de Estados Unidos, Donald Trump— un salto abrupto hacia un escenario impensable, la captura del mandatario venezolano y su traslado fuera del país.
La versión comenzó a circular tras una serie de entrevistas concedidas por Donald Trump a distintos medios extranjeros, en las que aseguró que Maduro habría sido detenido en el marco de una operación estadounidense y llevado a Nueva York. Según el mandatario republicano, se trató de una acción “rápida y decisiva”, destinada a poner fin a lo que ha calificado reiteradamente como “una dictadura narco”.
Sin embargo, más allá de las declaraciones del presidente estadounidense, el episodio ha quedado envuelto en una densa niebla informativa, marcada por silencios oficiales, versiones contradictorias y una región que observa con cautela.
Una escalada anunciada
Para entender cómo se llegó hasta aquí, hay que retroceder varios meses. Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump endureció su discurso contra el gobierno venezolano. En múltiples apariciones públicas, advirtió que “todas las opciones estaban sobre la mesa” y cuestionó abiertamente la permanencia de Maduro en el poder.
A ese tono se sumaron las declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, quien —según registros de prensa y discursos oficiales— insistió en que Estados Unidos no podía seguir tolerando un gobierno al que acusa de violaciones sistemáticas a los derechos humanos y vínculos con el crimen organizado.
La retórica fue acompañada por movimientos diplomáticos y militares que, si bien no fueron detallados públicamente, alimentaron la percepción de una presión creciente sobre Caracas.
El día del quiebre, según Washington
La madrugada en que todo habría ocurrido estuvo marcada por reportes de ruidos de explosiones inusuales, interrupciones eléctricas y movimientos no confirmados en distintos puntos de Venezuela. Horas después, Trump declaró que Maduro había sido capturado y sacado del país.
Según el presidente estadounidense, el operativo no buscó una confrontación prolongada, sino la detención directa del líder venezolano. En sus palabras, se trató de “hacer cumplir la ley internacional”.
No obstante, hasta ahora no se han presentado imágenes, documentos judiciales ni confirmaciones independientes que respalden de forma concluyente esa versión.
Caracas responde con silencio y negación parcial
Desde Venezuela, las autoridades reaccionaron denunciando lo que describieron como una “agresión externa”, aunque sin aclarar públicamente el paradero exacto de Maduro. Voceros del gobierno exigieron pruebas y calificaron las afirmaciones de Trump como “propaganda política”.
La falta de una aparición pública inmediata del mandatario venezolano avivó las especulaciones, pero también abrió espacio para hipótesis alternativas, desde una estrategia de desinformación hasta un movimiento táctico para medir reacciones internas y externas.
Organismos internacionales, por su parte, recordaron que cualquier detención de un jefe de Estado debe ajustarse al derecho internacional, subrayando la necesidad de claridad jurídica y transparencia.
Lo que sigue
Por ahora, Venezuela permanece en una especie de compás de espera. La población, golpeada por años de crisis económica y política, observa con incertidumbre.
En Washington aseguran que Maduro será imputado por narcotráfico en New York. Mientras tanto Estados Unidos busca con este acto llevar estabilidad al país sudamericano, al que catalogan como un narco estado.