¿Hay que temerle a los picos de glucosa?

Los aumentos del azúcar en la sangre después de comer son normales, pero cuando los niveles permanecen elevados pueden aparecer complicaciones. En Costa Rica, la diabetes diagnosticada afecta al 14,8 % de las personas mayores de 19 años y las autoridades sanitarias reportan miles de nuevos casos cada año

Redacción

Los dispositivos que permiten medir la glucosa durante todo el día han ganado visibilidad entre personas que no tienen diabetes, mientras algunas tendencias de bienestar promueven eliminar los carbohidratos refinados o evitar cualquier aumento del azúcar en la sangre. Estas prácticas responden al interés por la salud metabólica, pero también han extendido la idea de que cada variación de la glucosa representa un peligro para el organismo.

La evidencia médica distingue entre los aumentos temporales que ocurren después de comer y los niveles persistentemente elevados que pueden indicar dificultades para regular el azúcar en la sangre. En una persona sana, el organismo dispone de mecanismos para utilizar la glucosa, por lo que un incremento después de una comida no significa, por sí solo, que exista una enfermedad.

En Costa Rica, el tema tiene relevancia por la cantidad de personas que viven con diabetes y por la necesidad de detectar la enfermedad oportunamente. La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) reportó que el 14,8 % de la población mayor de 19 años tenía diabetes diagnosticada en 2025. La proporción aumentó con la edad y llegó al 34,4 % entre las personas de 65 años o más, según la Encuesta de Vigilancia de los Factores de Riesgo Cardiovascular.

La misma encuesta encontró que el 42,8 % de las personas mayores de 19 años se había realizado una prueba de glucosa durante los 12 meses anteriores, mientras que el 57,2 % no se había sometido a ese examen en ese periodo. Estas cifras describen la frecuencia de las pruebas y la diabetes diagnosticada, pero no permiten determinar cuántas personas sin diagnóstico tienen la enfermedad. Los resultados pueden consultarse en la información de la CCSS sobre los factores de riesgo cardiovascular.

Qué ocurre cuando comemos

Cuando una persona consume alimentos que contienen carbohidratos, el sistema digestivo los descompone y convierte buena parte de ellos en glucosa, que pasa al torrente sanguíneo. Este proceso proporciona energía para las funciones del organismo.

El páncreas responde al aumento de la glucosa mediante la liberación de insulina, una hormona que facilita el ingreso del azúcar a las células. A medida que el cuerpo utiliza la glucosa, sus niveles en la sangre tienden a disminuir.

Por esa razón, un aumento después de una comida no constituye automáticamente una señal de alarma. La magnitud y la duración de la variación dependen de la composición de los alimentos, el tamaño de las porciones, la actividad física y la capacidad individual para regular la glucosa.

El ejercicio intenso también puede elevar temporalmente el azúcar en la sangre, debido a que el organismo moviliza reservas de energía para responder a la demanda de los músculos. En consecuencia, una medición aislada no basta para determinar si existe una alteración metabólica.

La situación es distinta en las personas con diabetes, cuyo organismo no produce suficiente insulina o no la utiliza adecuadamente. En esos casos, la glucosa puede permanecer elevada y requerir seguimiento médico, cambios en los hábitos de vida y, según las necesidades de cada paciente, tratamiento farmacológico.

Los nuevos diagnósticos en Costa Rica

Las cifras de las autoridades sanitarias muestran la dimensión del problema. Según la CCSS, durante la última década se registró un promedio de 19.985 nuevos casos de diabetes tipo 2 al año, equivalente a aproximadamente dos diagnósticos por hora.

Por su parte, el Ministerio de Salud informó que en 2025 se registraron 13.431 casos de diabetes, un aumento del 27,35 % respecto de los 10.546 casos notificados en 2023. Para 2025, hasta la semana epidemiológica 39, se habían contabilizado 11.830 nuevos casos, un promedio aproximado de 44 por día.

Las cifras corresponden a registros de periodos específicos y no representan el total de personas que viven con diabetes en el país. Tampoco deben sumarse entre sí, porque provienen de reportes distintos y pueden utilizar criterios de registro diferentes. La información de 2025 es parcial y no equivale al cierre anual.

La distribución geográfica también presenta diferencias. En 2024, Puntarenas registró una tasa de incidencia de 318,6 casos por cada 100.000 habitantes, seguida de Limón, con 311,6, y Guanacaste, con 263,5, según el Ministerio de Salud.

Estas tasas reflejan los nuevos casos registrados en relación con el tamaño de la población, pero no indican por sí solas qué provincia tiene más personas que viven con diabetes ni explican las razones de las diferencias territoriales.

En cuanto a la distribución por sexo, los datos del Ministerio de Salud para 2025 contabilizaron 7.307 casos en mujeres y 6.124 en hombres. Además, el 43 % de los casos correspondió a personas de entre 30 y 54 años, según el mismo reporte.

Las autoridades de la CCSS señalan que la cifra puede ser mayor, debido a personas no diagnosticadas.

Las señales que pueden advertir de diabetes

La diabetes puede manifestarse de distintas maneras. Entre los síntomas más reconocidos están la sed excesiva, la necesidad de orinar con frecuencia, el cansancio persistente, la visión borrosa y la pérdida involuntaria de peso. Algunas personas también sienten más hambre de lo habitual.

Estos síntomas aparecen cuando las alteraciones de la glucosa afectan el funcionamiento normal del organismo. Sin embargo, no todas las personas presentan señales claras, especialmente en las primeras etapas de la diabetes tipo 2, que puede desarrollarse durante años sin síntomas evidentes.

La ausencia de molestias no descarta la enfermedad. Por eso, las pruebas de laboratorio y la valoración médica tienen un papel importante para detectar alteraciones, especialmente en personas con factores de riesgo.

El sobrepeso y la obesidad también deben considerarse, aunque no son síntomas específicos de diabetes. Constituyen factores que aumentan el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, junto con la inactividad física, los antecedentes familiares y otros factores metabólicos. Una persona con sobrepeso no necesariamente tiene diabetes, y una persona delgada tampoco está exenta de desarrollarla.

En algunos casos, la pérdida involuntaria de peso puede ser una señal de diabetes no controlada. Esto ocurre porque el organismo no logra utilizar adecuadamente la glucosa como fuente de energía y empieza a recurrir a otras reservas. La pérdida de peso sin una explicación clara, especialmente cuando se acompaña de sed intensa y micción frecuente, amerita una valoración médica.

La Organización Mundial de la Salud advierte que la diabetes no controlada puede dañar los vasos sanguíneos y los nervios, con consecuencias para los ojos, los riñones, el corazón y otras partes del cuerpo. La detección temprana y el tratamiento ayudan a reducir el riesgo de complicaciones. La información está disponible en la ficha informativa de la OMS sobre diabetes.

Cambios de ánimo y variaciones de glucosa

La irritabilidad, la dificultad para concentrarse y los cambios en el estado de ánimo pueden aparecer en determinadas circunstancias relacionadas con la glucosa, pero no constituyen síntomas exclusivos de diabetes. También pueden tener otras causas, por lo que no deben utilizarse por sí solos para identificar la enfermedad.

Una de las situaciones en las que pueden producirse cambios repentinos es la hipoglucemia, es decir, una disminución excesiva de la glucosa en la sangre. Puede presentarse, por ejemplo, en personas que utilizan insulina o determinados medicamentos para tratar la diabetes. Entre sus manifestaciones se encuentran los temblores, la sudoración, el hambre, la irritabilidad, la confusión y, en los casos graves, la pérdida del conocimiento.

La hiperglucemia, por su parte, corresponde a niveles elevados de glucosa. Cuando persiste, puede provocar sed, micción frecuente, cansancio y visión borrosa. Si la diabetes permanece mal controlada durante un periodo prolongado, el riesgo de complicaciones aumenta.

Vivir con diabetes también puede implicar cambios emocionales relacionados con el tratamiento cotidiano, la alimentación, los controles médicos y la preocupación por posibles complicaciones. Estas dificultades no deben confundirse con un efecto directo e inevitable de la glucosa, ya que la experiencia varía entre personas y depende de múltiples factores.

Por eso, atribuir cualquier cambio de humor a un aumento del azúcar puede conducir a interpretaciones equivocadas. La evaluación debe considerar los síntomas, los medicamentos, las mediciones y el contexto de cada persona.

Más de 2.000 muertes en un año

La diabetes también puede provocar complicaciones graves y contribuir a la mortalidad. Según datos preliminares del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) citados por el Ministerio de Salud, en 2023 fallecieron 2.099 personas por diabetes mellitus en Costa Rica, un 4,8 % más que en 2022, cuando se reportaron 2.003 muertes.

Del total de fallecimientos de 2023, 1.101 correspondieron a mujeres y 998 a hombres. Las tasas de mortalidad más altas se registraron en Guanacaste, con 56 fallecimientos por cada 100.000 habitantes; Limón, con 45 y Puntarenas, con 42.

Estas cifras describen muertes atribuidas a la diabetes mellitus y no deben confundirse con los nuevos diagnósticos. Tampoco permiten establecer por sí solas qué proporción de los fallecimientos pudo evitarse mediante la detección temprana o el control de la enfermedad.

La diabetes puede afectar los vasos sanguíneos, los nervios, los riñones, la vista y el sistema cardiovascular, especialmente cuando los niveles de glucosa permanecen elevados durante periodos prolongados. El seguimiento médico, el tratamiento indicado y el control de los factores de riesgo son medidas importantes para reducir la posibilidad de complicaciones.

Qué se sabe de los monitores continuos

La BBC publicó un amplio reportaje sobre los monitores continuos de glucosa, mismos que fueron desarrollados para facilitar el seguimiento de las personas con diabetes. Estos dispositivos registran mediciones durante el día y permiten observar cómo varía el azúcar en relación con las comidas, la actividad física y otros factores.

Su uso entre personas sin diabetes ha despertado interés por la posibilidad de conocer la respuesta individual a los alimentos. Sin embargo, disponer de más mediciones no significa necesariamente que se obtenga un beneficio para la salud.

En el reportaje se indica que la evidencia sobre el uso generalizado de estos dispositivos en personas sanas sigue siendo limitada. No se ha establecido de manera sólida que utilizarlos mejore los resultados de salud en quienes no tienen diabetes. Además, sus lecturas deben interpretarse con cautela y no sustituyen las pruebas de laboratorio ni la valoración profesional.

Un registro aislado tampoco permite determinar si una persona tiene diabetes o resistencia a la insulina. La interpretación depende del contexto clínico y de otros indicadores que el personal de salud puede evaluar.

Por eso, para una persona sana, comprar un monitor con el único propósito de evitar cualquier aumento de glucosa no es una necesidad demostrada por la evidencia disponible. En cambio, para quienes viven con diabetes, el seguimiento de la glucosa puede formar parte esencial del tratamiento, de acuerdo con las indicaciones médicas.

La calidad de la alimentación importa

Los alimentos influyen de manera diferente en la respuesta de la glucosa. Los carbohidratos refinados, como el pan blanco y algunos productos elaborados con harinas refinadas, pueden elevarla con mayor rapidez que los alimentos ricos en fibra. No obstante, la respuesta también depende de las porciones, de la combinación de alimentos y de las características individuales.

Los cereales integrales, las legumbres, las frutas enteras y las verduras aportan fibra y otros nutrientes importantes. Combinarlos con fuentes de proteína y grasas saludables contribuye a una alimentación equilibrada y puede modificar la respuesta de la glucosa después de comer.

Algunos estudios han observado menores aumentos de glucosa cuando las verduras y las proteínas se consumen antes que los carbohidratos. Sin embargo, esta estrategia no sustituye los hábitos alimentarios saludables ni garantiza que una persona prevenga la diabetes.

Eliminar por completo los carbohidratos tampoco constituye una recomendación universal. Este grupo incluye alimentos muy distintos, desde bebidas azucaradas y productos refinados hasta frutas, legumbres y cereales integrales. Por eso, valorar la calidad de la alimentación resulta más útil que considerar todos los carbohidratos como equivalentes.

El sueño, el estrés, la actividad física y la composición de las comidas también pueden modificar las mediciones. Una lectura más alta de lo habitual no significa necesariamente que un alimento sea perjudicial ni que deba eliminarse de la dieta.

En Costa Rica, las cifras de nuevos diagnósticos y mortalidad muestran la importancia de prevenir la diabetes, identificarla oportunamente y facilitar el seguimiento de quienes viven con la enfermedad. Sin embargo, esos datos no justifican que todas las personas sanas deban vigilar continuamente su glucosa ni que cada aumento después de comer deba considerarse peligroso.

El objetivo es distinguir las variaciones normales de las alteraciones persistentes que pueden requerir evaluación médica. Una alimentación equilibrada, la actividad física, el mantenimiento de un peso saludable y los controles indicados según los factores de riesgo ofrecen un enfoque más sólido que intentar mantener una curva de glucosa sin variaciones.

*Es importante que las personas con diabetes o síntomas de alta glucosa en la sangre, consulten a un profesional médico y en nutrición antes de hacer cualquier variación en su cuerpo y alimentación. Este artículo es de información general y no constituye una guía sustituta del consejo de un profesional de salud.

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